
El desarrollo del fútbol femenino en el Perú sigue avanzando a paso firme en algunos aspectos, pero tropieza constantemente en otros igual de importantes. Uno de ellos, quizá el más determinante a corto plazo, es la planificación del calendario. Lo ocurrido con el inicio y ajuste de fechas en la Liga Femenina Peruana 2026 vuelve a poner este problema sobre la mesa.
A pesar de que la fecha FIFA culmina este fin de semana, la decisión de extender una semana más —llevando la reanudación hasta el 24 de abril— no parece responder a una lógica deportiva clara. Más bien, evidencia una vez más las dificultades estructurales en la organización del torneo por parte de la Federación Peruana de Fútbol.
Un calendario que asfixia
El verdadero problema no es únicamente el retraso, sino lo que viene después. Para “ponerse al día”, el campeonato plantea una seguidilla de partidos en días poco habituales: lunes, miércoles, además de los tradicionales fines de semana.
Este tipo de programación puede ser manejable en ligas con plantillas amplias y recursos sólidos. Pero la realidad del fútbol femenino peruano es distinta.
Muchos clubes cuentan con planteles cortos, donde la rotación es limitada. En ese contexto, exigir partidos cada dos o tres días no solo afecta el rendimiento, sino que incrementa considerablemente el riesgo de lesiones. El desgaste físico deja de ser un factor competitivo y pasa a ser un condicionante estructural.
La desigualdad también se juega
El impacto no es igual para todos. Los equipos de provincia son, como suele ocurrir, los más perjudicados. Viajes largos, menor tiempo de recuperación y presupuestos más ajustados generan una desventaja evidente frente a clubes de la capital.
Cuando el calendario no considera estas diferencias, la competencia deja de ser equitativa. Y eso termina afectando la calidad del torneo en su conjunto.
¿Falta de planificación o problema estructural?
Es cierto que el fútbol femenino aún enfrenta limitaciones económicas y logísticas. Sin embargo, eso no debería justificar decisiones que comprometen el bienestar de las jugadoras ni la integridad de la competencia.
Más que un problema puntual, lo que se evidencia es una falta de planificación a largo plazo. Ajustar el calendario sobre la marcha puede resolver urgencias inmediatas, pero genera consecuencias que se arrastran durante toda la temporada.
Crecer también es organizar mejor
Si el objetivo es consolidar la Liga Femenina como un torneo competitivo y sostenible, la organización debe estar a la altura. No basta con aumentar la visibilidad o la cantidad de equipos; es fundamental garantizar condiciones mínimas para competir.
El calendario no es un detalle administrativo. Es una pieza clave que influye directamente en el rendimiento, la salud de las jugadoras y la equidad del torneo.
La Liga Femenina 2026 tiene la oportunidad de seguir creciendo. Pero para hacerlo, necesita algo más que buenas intenciones: requiere planificación, coherencia y, sobre todo, respeto por quienes sostienen el campeonato dentro del campo.
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